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Capítulo 2: Los tres guardianes

En una luna distante anexada a un gigante gaseoso, una escena extraña sucedía, un trío de jóvenes de orejas punteadas y ropajes elegantes recorrían el masivo bosque que cubría el satélite, arboles de decenas de metros, fauna extravagante y ríos que se extendían por kilómetros eran parte del escenario común. Por desgracia, esto no era del agrado del grupo cuyo aparente líder gruñía conforme su travesía se extendía.

-¿Cuánto falta Wairu? ¿Estas segura que esta es la ruta hacia el templo que nos indicó el maestro? –

-Zen, por enésima vez. Falta poco – respondió dando un suspiro de molestia – Yo debería ser la impaciente, estos ambientes no son propicios para una dama –

-¿Tal vez nuestro nuevo amigo sepa un atajo? – Añadió en tono juguetón el tercer integrante del grupo mientras extendía su mano revelando un ser anfibio de ojos rojos y pequeñas machas que se extendían por todo su cuerpo –

-¡Maldita sea Fudo! ¡Te dije que tiraras esa desagradable criatura! – reacciono crispado Zen cayendo de espaldas sobre un charco de lodo –

-No otra vez… - maldijo mentalmente la integrante femenina del grupo –

-¡Maldita sea! ¡Odio este planeta! – gritó el joven con furia pisoteando el charco - ¡Y también odio a tu estúpida rana! –

-¡Oye! No es su culpa, es solo un inocente animal – dijo mientras extendía sus brazos para enseñar al anfibio - ¿A que no es bonito? –

El aparente líder del grupo salto de nuevo hacia atrás de un susto antes de iniciar de nuevo una discusión. El pequeño animal que había sido secuestrado como mascota aprovecho la pequeña querella de sus captores y escapo de un salto de las manos del joven que le sujetaba con emoción.  Quien no tardo en seguirle y casi al instante le acompaño el fastidiado herpetofóbico en un intento por evitar la recuperación del animal causante de su incomodidad.

-¡Esperen! ¡Nos estamos desviando del camino! – alerto la joven en un intento infructuoso por razonar con sus compañeros –

No obstante, tras unos minutos de persecución el trio que había logrado reunirse observaron un extraño fenómeno. La rana que continuaba su escape había desaparecido de golpe al pegar un salto contra un muro gigante de árboles, como si hubiera pasado a través de ellos.

-Una barrera invisible…- murmuro para sí misma Wairu –

-Eso parece- añadió Zen mientras posaba sus dedos sobre la misma y se producían ondas como si tocara la superficie de un líquido –

Por su parte, el tercer integrante del grupo observaba la barrera con una concentración impropia de su conducta relajada de hace unos momentos. Con la mano en el mentón y un aura de energía rodeándole que crecía en intensidad segundo a segundo. Sus compañeros no tardaron en percatarse de su actuar atípico y se acercaron con cierta preocupación.

-¿Fudo? – pregunto Wairu con preocupación –

-¿Qué te sucede tonto? – agrego sin tacto Zen –

Luego de casi un minuto ignorando las preguntas de sus compañeros que continuaron, e Ira-iru rubio les devolvió la mirada con una sonrisa de burla en el rostro.

-¡Cayeron! – se carcajeo antes de pegar un salto y atravesar la barrera –

-Que acaba de… -

-¡Ese idiota! ¡Otra vez haciendo cosas imprudentes! – gruño antes de seguir a su compañero –

La muchacha solo pudo observar con frustración como su “líder” seguía a su imprudente compañero hacia lo desconocido y resignada también termino saltando. Una sensación de mareo envolvió al trio que extrañamente cruzaron al mismo tiempo una distorsión pese a ver saltado en distintos momentos. Finalmente, un brillo les cegó y aparecieron cayeron al suelo. Una vez recuperada su visión se percataron que estaban en un largo pasillo de lo que parecía ser unas ruinas ubicadas en la misma selva donde estaban minutos antes, el ambiente transmitía esa misma sensación de vida y las paredes de piedra tenían ramas, vegetación y moho creciendo a sus anchas en su superficie. Sin embargo, lo que más destaco para el grupo fue que a unos metros de su posición estaba aquella rana que había sido la causante de su desvío en primer lugar. Zen no tardó en dar un grito del susto y luego proceder a sacudir del cuello de su ropa a Fudo por su actuar que los había llevado a esta situación.

-¡Eres un idiota! ¡Porque siempre tienes que hacernos esto! ¡Es que acaso no puedes mantener tus extremidades quietas! –

-Chicos… Hay alguien más aquí – dijo con miedo la joven apuntando hacia figura desconocida que salía de las sombras detrás de la rana –

Una risa bonachona se escuchó de la figura encapuchada que se presentó ante ellos y que se agacho para recoger al pequeño animal que subió a su hombro gustosamente.

-Bueno, veo que ingresaron por la entrada equivocada pero al menos encontraron a Onyu- dijo haciéndole una caricia al pequeño anfibio –

-¿Usted es…? ¿A quien debíamos contactar como dijo el maestro? –

Una sonrisa se pudo observar debajo de la capucha del desconocido.

-Así es. Yo soy D – respondió revelando su identidad finalmente, una piel arrugada de color verde, orejas punteadas como las del trio y un par de antenas sobre su cabeza – Pero lo importante ¿quiénes son ustedes? Esa es la verdadera pregunta –

-Un Namekiano – comento sorprendido Zen antes de  aclarar su garganta y hacer una reverencia – Mi nombre es Zen, estudiante número 1 de la academia y líder de equipo de este par dijo señalando a sus dos compañeros con el pulgar–

El joven portaba la indumentaria Kaioshin en colores rojo y azul, los pantalones característicos en blanco,  unas botas y cinturón dorados y una cabellera en cresta de color salmón con un tono de piel lila. La siguiente en presentarse fue la muchacha que observo con molestia a su “respetable líder”.

- Mi nombre es Wairu, experta en magia e historia universal; además, soy la niñera de este par de idiotas –

La vestimenta de Wairu consistía en una versión más ligera de los ropajes Kaioshin en colores verde y amarillo, sin las hombreras características que dejaban a la vista el chaleco de color rojo que llevaba debajo y parte de sus hombros; asimismo, portaba unas botas y cinturón dorados como su compañero. Su cabello de color rosa fuerte estaba recortado hasta algo debajo del cuello y su piel era de un rosa pálido. Por su parte el último miembro del grupo algo intimidado por las presentaciones tan ostentosas de sus compañeros decidió ir a lo grande.

- ¡Soy Fudo! El guerrero más poderoso de la academia y mi meta es ser el siguiente Dai Kaioshin –

-¡Deja de mentir!- dijeron al unísono los otros dos mientras golpeaban al susodicho - ¡Eres de los últimos en la clase y solo destacas algo en el combate mano a mano!-

 El jovial ira-iru que se encontraba ahora en el suelo sobando su cabeza, portaba una vestimenta más genérica de los dioses con colores entre celeste y turquesa con franjas rojas en los bordes; asimismo, portaba el mismo cinturón y botas doradas que resaltaban aun mas con su cabello rubio y mismo tono de piel de su compañero. Aun sin levantarse, desvió su mirada y sonrió al anciano namekiano que le devolvió el gesto con una más modesta.

-Veo que son un grupo interesante, entiendo porque mi viejo amigo les envió conmigo –

-Era de esperar- dijo Zen con arrogancia- somos lo mejor que tiene que ofrecer la academia… excepto tal vez por el – finalizo señalando con desdén a Fen, quien solo soltó una risa nerviosa –

- ¿Hace cuánto tiempo conoce al maestro señor D? – pregunto curiosa Wairu – ¿Es otro de los que lucho en la gran guerra hace siglos? –

 - ¡Genial! – añadió emocionado el rubio – ¡entonces debe ser muy fuerte! –

Una risa salió de nuevo de los labios del anciano. Quien por unos momentos tuvo una mirada nostálgica.

-Podría decirse que sí, aunque mi aporte no es algo que me enorgullezca. No obstante, jóvenes aprendices -dijo con un tono serio hacia el trío que se tensó por cambio en su semblante- su maestro les ha enviado conmigo para que aprendan algo de este anciano así que empecemos… ¿Qué es lo que saben de Moro? –

Un silencio sepulcral inundo la zona como si la sola mención de ese nombre afectara la realidad a su alrededor. El trío que estaba expectante ahora se encontraba en shock hasta que tras unos momentos “su líder” fue el primero en responder.

-Pues ¿Todo? – respondió con decepción el auto denominado prodigio – Lo enseñan en historia básica en la academia: Zeno, Moro, Los ángeles, los grandes héroes. Son conocimientos que todo aprendiz de Kaioshin debe saber –

-El maestro dice que es importante que nosotros como nueva generación aprendamos de los errores del pasado para forjar un mejor futuro, en lugar de ocultarlo y crear un futuro de protectores que no saben nada del universo donde habitan – agrego Wairu tímidamente –

-Yo no tengo idea de nada de lo están hablando esos dos – declaró sin vergüenza el rubio –

Otro silencio lleno el lugar, pero esta vez uno incomodo que le siguió a un grito simultaneo producto de dos miembros del trio que reprendieron a su compañero de nuevo por su irresponsabilidad con sus deberes. El anciano solo pudo observar la escena con una risa nerviosa mientras una gota de sudor recorría su frente debido al inesperado giro de los acontecimientos, con ese cambio de planes en su discurso finalmente corto la discusión que había iniciado entre el trío con un chasquido de dedos que los transporto a otra sección de las ruinas. Una zona mucho mas amplia y donde se encontraba una gran entrada con un símbolo inscrito encima suyo.

-Bienvenidos al templo de los precursores, como veo que la mayoría conoce buena parte de la historia que tenía planeado enseñarles. Les contare otra, una que pocos conocen sobre el inicio de la creación y aún más, sobre uno de los ardides que realizo Moro contra los dioses –

El trío de aprendices solo pudo asentir asombrados, cada uno a su manera, Zen porque al fin lo que consideraba una pérdida de tiempo se había tornado interesante. Wairu por información que no estaba accesible en la biblioteca de la academia y Fudo por saber algo mas de las mayores amenazas que tuvo el universo. “D” sonrió de nuevo, con la atención en el procedió a mover a sus manos como controlara alguna especie de flujo hasta que unas proyecciones de energía aparecieron en la sala.

-Mucho antes del universo, existió la nada y de repente ahí apareció un huevo o al menos algo que se asemejaba a uno. Pasaron millones de años hasta acumulo suficiente energía y de ahí nació un ser, aquel que sería conocido como Zeno, el rey de todo – narró mientras en la sala una proyección dios aparecía –

-Que gracioso- comento riéndose Fudo sobre la apariencia del ser supremo–

- ¡Fudo! – le callaron sus compañeros –

- ¡Ok! Ya me callo –

-Como decía – dijo “D” mientras retomaba la narración – Con la aparición de Zeno, este se encontró un universo vacío, al que doto con los primeros rastros de vida, pero rápidamente se percato que administrar su creación era un trabajo muy extenuante por lo que le siguió la creación del gran sacerdote, una extensión de si mismo quien heredo tanto parte de su poder como los mejores atributos de su creación: los “mortales” –

Toda esta narración era acompañada por una gran proyección del universo y las personalidades que mencionaba el anciano namekiano que cambiaban conforme continuaba el relato.

-Asimismo, la necesidad de darle un orden a su creación derivo en la creación de los conocidos “tres poderes”. No obstante, algo que muchos ignoran es que las primeras razas inteligentes tenían acceso natural a algo que nosotros debemos entrenar o recibir para conseguirlo, el poder divino. Las tres primeras serían las más bendecidas, sentando las bases de la futura estructura universal, aquellas eran: Los Inushi, los Nameks y los Ira-iru – sentenció el anciano –

El trío solo pudo quedarse boquiabierto, una revelación que, aunque no era muy difícil de deducir para su raza viendo la existencia de la academia o quienes portaban el título de Kaioshins, sí que era cuando menos curioso para las otras dos.

-Espere- interrumpió la joven – Pero si heredamos el poder divino de Zeno, porque no accedemos a el naturalmente y debemos entrenarlo como los demás ¿Eso no contradice lo que comenta? –

-Buena observación, pequeña aprendiz y es verdad. Pero recuerda, los primeros de nuestra raza eran distintos a nosotros, pensados para ser de la misma manera que los tres poderes. Los emisarios de dios en el universo. Sin embargo, algo sucedió y ese algo fue… Moro –

El aura azul que cubría el lugar producto de la proyección, se torno rojiza por un instante, pero se disipo al instante.

-Pero primero deben entender algo más, aquel trío de razas guardianes fueron dotadas con habilidades innatas para realizar su labor: Los Inushi se les otorgo fuerza y la luz de la justicia de dios, que purifica todo mal; los namekianos habilidades mágicas y lo que sería conocido posteriormente como las esferas del dragón, aquello que otorgaría las bendiciones de dios y finalmente los Ira-iru con habilidades telequinéticas naturales y capacidades de transporte únicas, ellos serían los árbitros de dios –

-Entiendo – dijo pensativo Zen – entonces… ¿dónde entra Moro en todo esto? –

-Como sabrán, aquel conocido en algún momento como “el que vio” fue el mortal que no solo se revelo contra los dioses, sino que presencio el reino de la nada donde residía Zeno. No obstante, fue detenido y sellado, pero no fue su final y antes de su derrota, el temible hechicero dejo una maldición que sería el inicio de la caída del ser supremo. Iniciando con sus guardianes, los inushi que repartían la justicia de dios con su luz purificadora ahora serían victima de la misma, ya que incluso ellos no eran totalmente puros y su poder los terminaría por destruir a la larga. Esto desemboco en una baja abismal de su esperanza de vida y ratio de natalidad. Los namekianos por su parte, afiliados a las artes místicas a las que era adepto Moro, fueron despreciados por sus hermanos guardianes y a quienes la corrupción del mago calo mas hondo, siendo vulnerables a una metamorfosis muy similar a la que sería futuramente conocida como la raza demoniaca. Finalmente, los ira-iru fueron infectados por la soberbia, algo que altero el balance entre las tres razas y que termino con la monopolización del cargo de Kaioshin –

La reacción del trío ante este último dato fue variada. Zen soltó un chirrido de molestia, claramente ofendido por el comentario. Wairu se llevó una mano al mentón tratando de analizar a detalle la información recibida. Fudo en cambio, agacho la cabeza en vergüenza como si los errores de sus antecesores le pesaran de golpe. “D” observo curioso estas reacciones, ciertamente este era un grupo muy interesante, pero debía continuar su relato.

-El reino divino tampoco se salvo y el gran sacerdote sería invadido por la duda, una duda que se transformaría en decepción por su amo y que heredarían sus futuros hijos, los ángeles. Zeno en cambio, le consumió el miedo, un miedo por su creación que puso en peligro su existencia por primera vez. Algo inadmisible para el ser supremo y que debía dar solución inmediata. Por lo tanto, retiro los privilegios de los guardianes, delego todo el trabajo de la administración del universo a los tres poderes para finalmente distanciarse de su creación al completo. Aquel Dios que alguna vez fue como un niño, curioso por sus nuevos juguetes a los que cuidaba con recelo, ahora trataba a su creación como un perro rabioso que debía mantener bajo control y a distancia. Esa decisión le costaría su vida millones de años después –

Con esa frase, el relato se corto y el anciano se hizo a un lado. Invitando al trio a que ingresara dentro del enorme portón.

- ¡Que! ¿Tan pronto? ¿Y qué sucedió después? – pregunto decepcionado Fudo por el corte de una historia interesante –

-Lo demás como dijeron tus compañeros esta en los libros de la academia. No obstante, no desesperes joven aprendiz, que dentro de las ruinas aprenderán mas cosas de los guardianes y a su vez les espera una prueba a cada uno. Así que, por favor, ingresen – finalizo mientras extendía su brazo de nuevo dando el paso al grupo hacia el interior del pasaje–

El primero en ingresar fue Zen, seguido Fudo y finalmente la tímida Wairu que se vio intimidada por la desaparición de sus compañeros en las tinieblas del pasadizo que fueron seguidas por un destello al perderse sus siluetas. “D” con el ingreso de la muchacha, dio media vuelta y su mirada se endureció, mientras aún acariciaba al pequeño anfibio que estaba en su hombro.

-Ya puedes salir Nail –

De la entrada que daba al gran salón apareció otro Namekiano, uno mucho más joven y fornido con un chaleco azul como única prenda superior.

-Lo siento padre, no quería incomodarte –

-Ya discutimos sobre el desarrollo de tus habilidades sociales, pero dime ¿Qué te parecieron? –

-Honestamente… Son un desastre. Aun son muy jóvenes e inmaduros –

Una carcajada salió del anciano, que terminó por asentir ante lo dicho por su heredero mientras hacía aparecer una esfera de cristal en su mano.

-Razón no te falta, pero recuerda que la nueva generación está llena de sorpresas – finalizo enseñando a su hijo una proyección dentro de la esfera, donde un joven Saiyajin envuelto en un aura dorada con rayos que chispeaban a su alrededor se enfrentaba cara a cara contra una criatura desconocida gigante–

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