En una luna distante anexada a un gigante gaseoso, una escena extraña sucedía, un trío de jóvenes de orejas punteadas y ropajes elegantes recorrían el masivo bosque que cubría el satélite, arboles de decenas de metros, fauna extravagante y ríos que se extendían por kilómetros eran parte del escenario común. Por desgracia, esto no era del agrado del grupo cuyo aparente líder gruñía conforme su travesía se extendía.
-¿Cuánto falta Wairu? ¿Estas
segura que esta es la ruta hacia el templo que nos indicó el maestro? –
-Zen, por enésima vez. Falta poco
– respondió dando un suspiro de molestia – Yo debería ser la impaciente, estos
ambientes no son propicios para una dama –
-¿Tal vez nuestro nuevo amigo
sepa un atajo? – Añadió en tono juguetón el tercer integrante del grupo
mientras extendía su mano revelando un ser anfibio de ojos rojos y pequeñas
machas que se extendían por todo su cuerpo –
-¡Maldita sea Fudo! ¡Te dije que
tiraras esa desagradable criatura! – reacciono crispado Zen cayendo de espaldas
sobre un charco de lodo –
-No otra vez… - maldijo mentalmente la integrante femenina del grupo
–
-¡Maldita sea! ¡Odio este
planeta! – gritó el joven con furia pisoteando el charco - ¡Y también odio a tu
estúpida rana! –
-¡Oye! No es su culpa, es solo un
inocente animal – dijo mientras extendía sus brazos para enseñar al anfibio -
¿A que no es bonito? –
El aparente líder del grupo salto
de nuevo hacia atrás de un susto antes de iniciar de nuevo una discusión. El
pequeño animal que había sido secuestrado como mascota aprovecho la pequeña
querella de sus captores y escapo de un salto de las manos del joven que le
sujetaba con emoción. Quien no tardo en
seguirle y casi al instante le acompaño el fastidiado herpetofóbico en un intento
por evitar la recuperación del animal causante de su incomodidad.
-¡Esperen! ¡Nos estamos desviando
del camino! – alerto la joven en un intento infructuoso por razonar con sus
compañeros –
No obstante, tras unos minutos de
persecución el trio que había logrado reunirse observaron un extraño fenómeno.
La rana que continuaba su escape había desaparecido de golpe al pegar un salto
contra un muro gigante de árboles, como si hubiera pasado a través de ellos.
-Una barrera invisible…- murmuro
para sí misma Wairu –
-Eso parece- añadió Zen mientras
posaba sus dedos sobre la misma y se producían ondas como si tocara la
superficie de un líquido –
Por su parte, el tercer
integrante del grupo observaba la barrera con una concentración impropia de su
conducta relajada de hace unos momentos. Con la mano en el mentón y un aura de
energía rodeándole que crecía en intensidad segundo a segundo. Sus compañeros
no tardaron en percatarse de su actuar atípico y se acercaron con cierta
preocupación.
-¿Fudo? – pregunto Wairu con
preocupación –
-¿Qué te sucede tonto? – agrego
sin tacto Zen –
Luego de casi un minuto ignorando
las preguntas de sus compañeros que continuaron, e Ira-iru rubio les devolvió
la mirada con una sonrisa de burla en el rostro.
-¡Cayeron! – se carcajeo antes de
pegar un salto y atravesar la barrera –
-Que acaba de… -
-¡Ese idiota! ¡Otra vez haciendo
cosas imprudentes! – gruño antes de seguir a su compañero –
La muchacha solo pudo observar
con frustración como su “líder” seguía a su imprudente compañero hacia lo
desconocido y resignada también termino saltando. Una sensación de mareo
envolvió al trio que extrañamente cruzaron al mismo tiempo una distorsión pese
a ver saltado en distintos momentos. Finalmente, un brillo les cegó y
aparecieron cayeron al suelo. Una vez recuperada su visión se percataron que
estaban en un largo pasillo de lo que parecía ser unas ruinas ubicadas en la
misma selva donde estaban minutos antes, el ambiente transmitía esa misma
sensación de vida y las paredes de piedra tenían ramas, vegetación y moho
creciendo a sus anchas en su superficie. Sin embargo, lo que más destaco para
el grupo fue que a unos metros de su posición estaba aquella rana que había
sido la causante de su desvío en primer lugar. Zen no tardó en dar un grito del
susto y luego proceder a sacudir del cuello de su ropa a Fudo por su actuar que
los había llevado a esta situación.
-¡Eres un idiota! ¡Porque siempre
tienes que hacernos esto! ¡Es que acaso no puedes mantener tus extremidades
quietas! –
-Chicos… Hay alguien más aquí –
dijo con miedo la joven apuntando hacia figura desconocida que salía de las
sombras detrás de la rana –
Una risa bonachona se escuchó de
la figura encapuchada que se presentó ante ellos y que se agacho para recoger
al pequeño animal que subió a su hombro gustosamente.
-Bueno, veo que ingresaron por la
entrada equivocada pero al menos encontraron a Onyu- dijo haciéndole una
caricia al pequeño anfibio –
-¿Usted es…? ¿A quien debíamos
contactar como dijo el maestro? –
Una sonrisa se pudo observar
debajo de la capucha del desconocido.
-Así es. Yo soy D – respondió
revelando su identidad finalmente, una piel arrugada de color verde, orejas
punteadas como las del trio y un par de antenas sobre su cabeza – Pero lo
importante ¿quiénes son ustedes? Esa es la verdadera pregunta –
-Un Namekiano – comento
sorprendido Zen antes de aclarar su
garganta y hacer una reverencia – Mi nombre es Zen, estudiante número 1 de la
academia y líder de equipo de este par dijo señalando a sus dos compañeros con
el pulgar–
El joven portaba la indumentaria
Kaioshin en colores rojo y azul, los pantalones característicos en blanco, unas botas y cinturón dorados y una cabellera
en cresta de color salmón con un tono de piel lila. La siguiente en presentarse
fue la muchacha que observo con molestia a su “respetable líder”.
- Mi nombre es Wairu, experta en
magia e historia universal; además, soy la niñera de este par de idiotas –
La vestimenta de Wairu consistía
en una versión más ligera de los ropajes Kaioshin en colores verde y amarillo,
sin las hombreras características que dejaban a la vista el chaleco de color
rojo que llevaba debajo y parte de sus hombros; asimismo, portaba unas botas y
cinturón dorados como su compañero. Su cabello de color rosa fuerte estaba
recortado hasta algo debajo del cuello y su piel era de un rosa pálido. Por su
parte el último miembro del grupo algo intimidado por las presentaciones tan
ostentosas de sus compañeros decidió ir a lo grande.
- ¡Soy Fudo! El guerrero más
poderoso de la academia y mi meta es ser el siguiente Dai Kaioshin –
-¡Deja de mentir!- dijeron al
unísono los otros dos mientras golpeaban al susodicho - ¡Eres de los últimos en
la clase y solo destacas algo en el combate mano a mano!-
El jovial ira-iru que se encontraba ahora en
el suelo sobando su cabeza, portaba una vestimenta más genérica de los dioses con
colores entre celeste y turquesa con franjas rojas en los bordes; asimismo,
portaba el mismo cinturón y botas doradas que resaltaban aun mas con su cabello
rubio y mismo tono de piel de su compañero. Aun sin levantarse, desvió su
mirada y sonrió al anciano namekiano que le devolvió el gesto con una más modesta.
-Veo que son un grupo interesante,
entiendo porque mi viejo amigo les envió conmigo –
-Era de esperar- dijo Zen con arrogancia-
somos lo mejor que tiene que ofrecer la academia… excepto tal vez por el – finalizo
señalando con desdén a Fen, quien solo soltó una risa nerviosa –
- ¿Hace cuánto tiempo conoce al maestro
señor D? – pregunto curiosa Wairu – ¿Es otro de los que lucho en la gran guerra
hace siglos? –
- ¡Genial! – añadió emocionado el rubio – ¡entonces
debe ser muy fuerte! –
Una risa salió de nuevo de los
labios del anciano. Quien por unos momentos tuvo una mirada nostálgica.
-Podría decirse que sí, aunque mi
aporte no es algo que me enorgullezca. No obstante, jóvenes aprendices -dijo
con un tono serio hacia el trío que se tensó por cambio en su semblante- su maestro
les ha enviado conmigo para que aprendan algo de este anciano así que empecemos…
¿Qué es lo que saben de Moro? –
Un silencio sepulcral inundo la
zona como si la sola mención de ese nombre afectara la realidad a su alrededor.
El trío que estaba expectante ahora se encontraba en shock hasta que tras unos
momentos “su líder” fue el primero en responder.
-Pues ¿Todo? – respondió con decepción
el auto denominado prodigio – Lo enseñan en historia básica en la academia:
Zeno, Moro, Los ángeles, los grandes héroes. Son conocimientos que todo
aprendiz de Kaioshin debe saber –
-El maestro dice que es
importante que nosotros como nueva generación aprendamos de los errores del
pasado para forjar un mejor futuro, en lugar de ocultarlo y crear un futuro de
protectores que no saben nada del universo donde habitan – agrego Wairu tímidamente
–
-Yo no tengo idea de nada de lo están
hablando esos dos – declaró sin vergüenza el rubio –
Otro silencio lleno el lugar,
pero esta vez uno incomodo que le siguió a un grito simultaneo producto de dos
miembros del trio que reprendieron a su compañero de nuevo por su irresponsabilidad
con sus deberes. El anciano solo pudo observar la escena con una risa nerviosa
mientras una gota de sudor recorría su frente debido al inesperado giro de los
acontecimientos, con ese cambio de planes en su discurso finalmente corto la
discusión que había iniciado entre el trío con un chasquido de dedos que los
transporto a otra sección de las ruinas. Una zona mucho mas amplia y donde se
encontraba una gran entrada con un símbolo inscrito encima suyo.
-Bienvenidos al templo de los
precursores, como veo que la mayoría conoce buena parte de la historia que
tenía planeado enseñarles. Les contare otra, una que pocos conocen sobre el inicio
de la creación y aún más, sobre uno de los ardides que realizo Moro contra los
dioses –
El trío de aprendices solo pudo
asentir asombrados, cada uno a su manera, Zen porque al fin lo que consideraba
una pérdida de tiempo se había tornado interesante. Wairu por información que
no estaba accesible en la biblioteca de la academia y Fudo por saber algo mas
de las mayores amenazas que tuvo el universo. “D” sonrió de nuevo, con la
atención en el procedió a mover a sus manos como controlara alguna especie de
flujo hasta que unas proyecciones de energía aparecieron en la sala.
-Mucho antes del universo, existió
la nada y de repente ahí apareció un huevo o al menos algo que se asemejaba a
uno. Pasaron millones de años hasta acumulo suficiente energía y de ahí nació
un ser, aquel que sería conocido como Zeno, el rey de todo – narró mientras en
la sala una proyección dios aparecía –
-Que gracioso- comento riéndose Fudo
sobre la apariencia del ser supremo–
- ¡Fudo! – le callaron sus
compañeros –
- ¡Ok! Ya me callo –
-Como decía – dijo “D” mientras
retomaba la narración – Con la aparición de Zeno, este se encontró un universo
vacío, al que doto con los primeros rastros de vida, pero rápidamente se percato
que administrar su creación era un trabajo muy extenuante por lo que le siguió la
creación del gran sacerdote, una extensión de si mismo quien heredo tanto parte
de su poder como los mejores atributos de su creación: los “mortales” –
Toda esta narración era
acompañada por una gran proyección del universo y las personalidades que
mencionaba el anciano namekiano que cambiaban conforme continuaba el relato.
-Asimismo, la necesidad de darle
un orden a su creación derivo en la creación de los conocidos “tres poderes”.
No obstante, algo que muchos ignoran es que las primeras razas inteligentes
tenían acceso natural a algo que nosotros debemos entrenar o recibir para
conseguirlo, el poder divino. Las tres primeras serían las más bendecidas,
sentando las bases de la futura estructura universal, aquellas eran: Los
Inushi, los Nameks y los Ira-iru – sentenció el anciano –
El trío solo pudo quedarse
boquiabierto, una revelación que, aunque no era muy difícil de deducir para su
raza viendo la existencia de la academia o quienes portaban el título de
Kaioshins, sí que era cuando menos curioso para las otras dos.
-Espere- interrumpió la joven – Pero
si heredamos el poder divino de Zeno, porque no accedemos a el naturalmente y
debemos entrenarlo como los demás ¿Eso no contradice lo que comenta? –
-Buena observación, pequeña
aprendiz y es verdad. Pero recuerda, los primeros de nuestra raza eran distintos
a nosotros, pensados para ser de la misma manera que los tres poderes. Los
emisarios de dios en el universo. Sin embargo, algo sucedió y ese algo fue…
Moro –
El aura azul que cubría el lugar
producto de la proyección, se torno rojiza por un instante, pero se disipo al
instante.
-Pero primero deben entender algo
más, aquel trío de razas guardianes fueron dotadas con habilidades innatas para
realizar su labor: Los Inushi se les otorgo fuerza y la luz de la justicia de
dios, que purifica todo mal; los namekianos habilidades mágicas y lo que sería
conocido posteriormente como las esferas del dragón, aquello que otorgaría las
bendiciones de dios y finalmente los Ira-iru con habilidades telequinéticas naturales
y capacidades de transporte únicas, ellos serían los árbitros de dios –
-Entiendo – dijo pensativo Zen –
entonces… ¿dónde entra Moro en todo esto? –
-Como sabrán, aquel conocido en algún
momento como “el que vio” fue el mortal que no solo se revelo contra los dioses,
sino que presencio el reino de la nada donde residía Zeno. No obstante, fue
detenido y sellado, pero no fue su final y antes de su derrota, el temible
hechicero dejo una maldición que sería el inicio de la caída del ser supremo.
Iniciando con sus guardianes, los inushi que repartían la justicia de dios con
su luz purificadora ahora serían victima de la misma, ya que incluso ellos no
eran totalmente puros y su poder los terminaría por destruir a la larga. Esto
desemboco en una baja abismal de su esperanza de vida y ratio de natalidad. Los
namekianos por su parte, afiliados a las artes místicas a las que era adepto Moro,
fueron despreciados por sus hermanos guardianes y a quienes la corrupción del mago
calo mas hondo, siendo vulnerables a una metamorfosis muy similar a la que
sería futuramente conocida como la raza demoniaca. Finalmente, los ira-iru
fueron infectados por la soberbia, algo que altero el balance entre las tres
razas y que termino con la monopolización del cargo de Kaioshin –
La reacción del trío ante este último
dato fue variada. Zen soltó un chirrido de molestia, claramente ofendido por el
comentario. Wairu se llevó una mano al mentón tratando de analizar a detalle la
información recibida. Fudo en cambio, agacho la cabeza en vergüenza como si los
errores de sus antecesores le pesaran de golpe. “D” observo curioso estas
reacciones, ciertamente este era un grupo muy interesante, pero debía continuar
su relato.
-El reino divino tampoco se salvo
y el gran sacerdote sería invadido por la duda, una duda que se transformaría en decepción por su amo y que heredarían sus futuros hijos, los ángeles.
Zeno en cambio, le consumió el miedo, un miedo por su creación que puso en peligro su existencia por primera vez. Algo inadmisible para el ser
supremo y que debía dar solución inmediata. Por lo tanto, retiro los privilegios de los
guardianes, delego todo el trabajo de la administración del universo a los tres
poderes para finalmente distanciarse de su creación al
completo. Aquel Dios que alguna vez fue como un niño, curioso por sus nuevos juguetes a los que cuidaba con recelo, ahora trataba a su creación como un perro rabioso que debía mantener bajo control y a distancia. Esa
decisión le costaría su vida millones de años después –
Con esa frase, el relato se corto
y el anciano se hizo a un lado. Invitando al trio a que ingresara dentro del enorme
portón.
- ¡Que! ¿Tan pronto? ¿Y qué sucedió
después? – pregunto decepcionado Fudo por el corte de una historia interesante –
-Lo demás como dijeron tus compañeros
esta en los libros de la academia. No obstante, no desesperes joven aprendiz,
que dentro de las ruinas aprenderán mas cosas de los guardianes y a su vez les espera
una prueba a cada uno. Así que, por favor, ingresen – finalizo mientras
extendía su brazo de nuevo dando el paso al grupo hacia el interior del pasaje–
El primero en ingresar fue Zen, seguido
Fudo y finalmente la tímida Wairu que se vio intimidada por la desaparición de
sus compañeros en las tinieblas del pasadizo que fueron seguidas por un
destello al perderse sus siluetas. “D” con el ingreso de la muchacha, dio media
vuelta y su mirada se endureció, mientras aún acariciaba al pequeño anfibio que
estaba en su hombro.
-Ya puedes salir Nail –
De la entrada que daba al gran salón
apareció otro Namekiano, uno mucho más joven y fornido con un chaleco azul como
única prenda superior.
-Lo siento padre, no quería
incomodarte –
-Ya discutimos sobre el desarrollo de tus habilidades sociales, pero dime ¿Qué te
parecieron? –
-Honestamente… Son un desastre.
Aun son muy jóvenes e inmaduros –
Una carcajada salió del anciano,
que terminó por asentir ante lo dicho por su heredero mientras hacía aparecer
una esfera de cristal en su mano.
-Razón no te falta, pero recuerda que la nueva generación está llena de sorpresas – finalizo enseñando a
su hijo una proyección dentro de la esfera, donde un joven Saiyajin envuelto en
un aura dorada con rayos que chispeaban a su alrededor se enfrentaba cara a
cara contra una criatura desconocida gigante–
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