Año 1789: ¿?
En un remoto planeta de un
olvidado sector, una figura misteriosa oculta tras una túnica ingresa a un bar,
por un momento las miradas le rodean, pero su estatura debajo del promedio
desvía rápidamente la curiosidad inicial de los presentes. El visitante se da
el lujo de bajar su guardia por unos momentos y se acerca a la barra donde le
atiende un ser de apariencia insectoide que le habla en un lenguaje
ininteligible. No obstante, eso no detiene al encapuchado que le extiende una
bolsa de monedas junto a un pequeño papel.
-Y que este bien fría- añade casi
en un susurro-
Los minutos pasan y llega el
mismo camarero con una jarra de líquido espumante que el encapuchado bebe de un
sorbo. Sin pensarlo mucho, se levanta de la barra y sale del lugar así como
llego. Sin embargo, una figura igual de misteriosa le observa desde una mesa al
otro extremo del bar.
Afuera del local, el extraño
visitante levanta su capucha revelando un pelo negro despeinado y una sonrisa
de suficiencia. Entre sus dientes se pueden apreciar un pequeño chip y una
ficha con el símbolo de la patrulla galáctica. Finalmente, termina de
escupirlas y las guarda en su ropa mientras se dirige hacia una nave que simula
un cefalópodo.
En su interior, un Shamoian, un
pequeño ser de tez azulada y una cresta como único rastro de pelo, le recibe
sonriente.
-¿Cómo se encuentra señor Bīto?
¿Encontró lo que buscaba? –
-¿Tu qué crees? – le responde el
joven mientras le enseña el pequeño chip –
-¡Grandioso! Solo deme un momento
para decodificarlo y estaremos en marcha a nuestro siguiente destino – dice el
pequeño ayudante luego de insertar el chip en la computadora central de la nave
–
-Te dejo a cargo entonces, me
avisas cuando termines… –
-¡Listo! Nuestro siguiente
destino es el planeta Ankokusei–
Bīto se tropieza tras dar el
primer paso y cae al suelo producto de la impresión.
-A veces me olvido de lo
eficiente que eres con la tecnología - dice mientras frota su cabeza para
aliviar el dolor de su reciente caída–
-No es necesario que me agradezca
señor, pero… ¿estará bien usted solo en ese lugar? las habilidades innatas de
los Ankokuseijins no se llevan bien con usted, tal vez debería pedir refuerzos–
-¡No te preocupes Orenji! Mi raza
es testaruda por naturaleza. Además, si él se encuentra en ese lugar y sigue
vivo, entonces yo también puedo –
-Bueno será como guste entonces,
siguiente parada: borde exterior, planeta Ankokusei; tiempo estimado de
llegada: trece horas –
Tras más de medio día de viaje,
el dúo llega a un sistema estelar envuelto en oscuridad, con algunos planetas
orbitando alrededor de un agujero negro que traga cualquier rastro de luz en la
zona. Entre todos ellos destaca un planeta cubierto de niebla y rayos que
iluminan brevemente su densa atmosfera.
- Mi señor, las condiciones en
este sistema son muy peligrosas para si quiera considerar aterrizar tal vez
sería mejor… -
Anticipándose a al monologo de su
compañero, el joven abre la escotilla de la nave por unos instantes y se lleva
un pequeño dispositivo circular que coloca sobre su pecho, un aura azulada le
cubre y finalmente da un salto hacia el vacío espacial.
- ¡Amo Bīto! ¡Espere! El traje
espacial no resistirá unas condiciones ambientales tan violentas por mucho
tiempo –
- Tranquilo Orenji, solo dame
apoyo por el comunicador – respondió el imprudente patrullero antes de ingresar
a la tormentosa atmosfera–
- Pero… los dispositivos de
comunicación serán inútiles por las fuertes ondas electromagnéticas de la
atmosfera del planeta – murmuro resignado el joven Shamoian –
Luego de luchar contra los
fuertes vientos y ráfagas de rayos que cubrían el cielo del planeta;
finalmente, descendió a su superficie. Un paisaje desértico cubierto de una
densa niebla y cuyos únicos rastros de luz eran producto de los constantes
rayos que azotaban al lugar. Sin pensarlo levanta su muñeca para activar un
extraño brazalete que proyecta una pantalla al frente suyo, el joven teclea por
unos momentos hasta acceder a un archivo bajo el nombre de “Seru” que activa un
mapa de la zona.
- ¡Bingo! – sonríe el patrullero
– Encontré la ubicación Orenji ¿Estás ahí? –
Un perpetuo sonido de estática
revela una verdad de la que era ignorante, se encuentra incomunicado durante su
breve estancia en este infierno en la tierra. Dando un suspiro se eleva en
dirección hacia la dirección que le indica el mapa, pero unos gruñidos detienen
su avance a mitad de camino.
- Interesante, no teníamos carne
fresca en mucho tiempo – dice una ansiosa voz en la oscuridad –
- Ciertamente, no saboreamos la
sangre de una especie ajena en siglos – dice otra con un tono más grueso –
- Dejemos la charla, tengo hambre
y la carne de las especies primates es única – añadió otra con tono sofisticado
ajeno a la charla –
- Siento arruinar su charla sobre
mi persona, pero no vine a este lugar alejado de la mano de los dioses para ser
comido o perder el tiempo con ustedes. Así que disculpen si debo terminar esto
rápido – dijo Bīto antes de envolverse en un aura dorada –
- ¡Eso es! – dijo una de las
ahora visibles reptilianas criaturas –
- ¡Deliciosa luz! – añadió otro
los seres mientras se lanzaban contra el ahora revelado saiyajin –
El guerrero dorado esquiva de un
salto mientras visualiza en su brazalete información de sus atacantes.
- Interesante, tres bestias de
casi 1200 kiris. Debo tener cuidado o el enfrentamiento se podría complicar –
- No te creas mucho porque ahora
puedes vernos – dijo una de las bestias que se había anticipado a su esquive y
ahora se encontraba encima suyo –
La criatura abre sus fauces y
succiona con fuerza el aura de Bīto que pierde su transformación y recibe un
rasguño en su espalda de parte de otra de las criaturas.
- Maldita sea, Orenji tenía
razón, esto es malo –
Las criaturas continuaron su
asalto rasguñando piernas y brazos del saiyajin que intenta esquivar sin mucho
éxito. Burlas resuenan en la oscuridad contra el joven que solo continúa
maldiciendo por lo bajo.
- Maldición, ahora le debo diez
mil imperiales a ese enano –
Finalmente, el patrullero retoma su
transformación, pero ahora entre sus manos sostiene una gran esfera de energía
que lanza contra sus cazadores que persiguen la enorme fuente de luz. La esfera
se mueve en círculos alrededor de la zona mientras es controlada por los
movimientos del brazo de Bīto que dirige a las criaturas hacia el suelo y
detona la esfera destruyendo ligeramente el área. El saiyajin pierde su estado
y respira agitadamente, busca en su bolsillo un recipiente que contiene algunas
capsulas de color verde oliva y consume varias de un trago, sus heridas sanan y
su energía se recupera.
- Debo comenzar a escuchar a ese
pequeño genio más a menudo – murmura frustrado el saiyajin antes de retomar su
camino –
No obstante, en el cráter donde
yacen los restos de los Ankokuseijin se puede apreciar una brillante piedra
dentro de las entrañas de la criatura.
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